jueves, diciembre 11, 2008

Norte Magnético

Los comerciantes le habían prometido a Heimat llevarlo a la siguiente ciudad en un par de días, quizás tres cómo máximo. No estaban seguros de cuándo podrían partir con el clima de la temporada. Las lluvias no habían cesado lo suficiente para dejar los caminos lo suficientemente secos como para poder llegar a un lugar seguro antes de la siguiente lluvia.

Todos los alrededores de esta ciudad consistían de ciénega y pantanos. Incluso viajar a través de ellos durante la temporada seca era arriesgado si no se tenía cuidado. De allí también que los habitantes locales no tuvieran tanto ganado como en otros lugares. No obstante que las reses tendrían suficiente alimento y dentro de la ciudad había establos grandes, en cualquier momento que una res saliera de la ciudad por descuido, estaba condenada a no regresar.

Las plantas de la ciénega constituían una parte mayoritaria de la dieta de los habitantes de la ciudad. Heimat había recolectado por su cuenta algunos frutos del tamaño de un puño que no conocía y preguntó a un vendedor en el mercado qué eran.
- Bayas, hijo. Son Bayas.
- ¿Son comestibles?
- Sí lo son. Pesadas para el estómago de un hombre, pero se pueden comer.
- ¿No son estas un poco grandes para ser bayas? De donde yo vengo, una baja es mucho más pequeña.

El vendedor rió.

- ¿No has visto la fruta que vendo?

Heimat miró a los puestos vecinos. Comenzó a reconocer la fruta. Era de un color pardo, al igual que las bayas que llevaba, pero era definitivamente fruta que conocía. Manzanas, duraznos, peras. Del tamaño de melones.

- ¿De donde sacan esto? No he visto ningún arbol frutal por aquí.
- Del mismo lugar que sacaste esas bayas, hijo.

Heimat comprendió entonces que el descuido de las reses no era la única razón por la que en esa ciudad no había ganado. Recolectar fruta era mucho más fácil.

El vendedor notó a Heimat pensativo observando la baya que llevaba en la mano.

- El norte magnético, hijo. Le hace eso a las plantas.

Marco 7

- Imagínate que un día te despertaras y estuvieras muerto. - Dijo Erik.
- No se puede. Si estoy muerto, ya no despertaría - contestó Marco, - muerto. ¿Recuerdas?
- Sí, sí. De acuerdo. Imagínate que sigues dormido y estuvieras muerto.
- Eso tiene el mismo problema.
- ¿Qué? ¿Lo muertos no duermen?
- No.
- ¿El sueño eterno? ¿Te suena?
- Es un dicho.
- Todo dicho tiene raíz en la verdad.
- Dudo que estando muerto puedas dormir.
- Ya tienes los ojos cerrados, nadie te molesta. Es la situación perfecta para dormir.
- Eso es cierto. Además no hay mucho que hacer dentro de un ataúd.
- ¿Lo ves?
- ¿Y si te incineran? La ceniza no duerme.
- Tampoco la has visto despierta.
- Mejor regresa al principio.
- ¿Principio? ¡Ah sí! Imagínate que mañana te despertaras y estuvieras muerto.

Marco suspiró resignado

- ¿Y qué más?
- ¿Quién crees que lloraría por ti?

Marco pensó su respuesta.

- Yo. No sé. Mi familia. Sonia.
- ¿Y Cris?
- Ella. No la imagino llorando. Supongo que esperaría que lo hiciera, pero no me sentiría mal si no.
- Estarías muerto, no podrías sentir nada.
- Mira quien lo dice.
- ¿Nadie más?
- Sé que algunos amigos de mi escuela y de mi pueblo lo harían. Casi los puedo ver, café en mano y con las lágrimas rodando. Creo que tu llorarías también.
- ¿Me crees capaz de llorar por ti?
- Sí. Ya no tendrías a quien preguntarle estás cosas. Extrañarías eso.
- No tanto como para llorar.
- ¿Estás diciendo que no llorarías si mañana amanezco muerto?
- Estoy seguro que no.
- Gracias. Me siento apreciado.
- Estamos hablando de tu muerte. Eso me prepararía para tu muerte mañana.
- Lo dices como si esperaras que muriera mañana.
- Nunca se sabe.

Marco sacudió su cabeza en desaprobación.

- Y si fueras tú el que amanecería muerto mañana - dijo Marco - ¿Quién crees que lloraría por ti?
- ¿Amanecería dormido o despierto?
- Creo que ya me dieron ganas de llorar.

jueves, octubre 02, 2008

Marco 6

- ¿Alguna vez te he contado mis pesadillas? - dijo Marco
- No. - Contestó Erik.
- ¿Y no te da curiosidad?
- Pues. No.
- Oh. ¡Por favor¡ Es una oportunidad única de hurgar en los más profundo de mi subconsciente y escudriñar en mis más profundos temores ¿No te ni un poco de curiosidad eso?
- No. No creo que sea interesante.
- ¿Ah, sí?
- Oh, sí. Seguro tus miedos son cosas ordinarias que a todo mundo le dan miedo. Como las alturas, los espacios cerrados, pagar impuestos. Cosas así.
- Déjame adivinar, tus pesadillas sí son de lo más interesantes.
- Pero claro. Son para cagarte de miedo.
- ¿Por ejemplo?
- Tan sólo la otra noche soñé con un ser de poder incomprensible que destruía toda la ciudad dejando sólo destrucción a su paso. A donde quiera que dirigía su mirada sólo quedaban escombros y su rugido era suficiente para orillar a la demencia a quien tuviera la desgracia de escucharlo.
La mirada de Erik se perdió en el vacio.
- Donde quiera que pisaba - continuó Erik - la hierba no volvía a crecer jamás. Su brazo descuartizaba a cuanta persona se atreviera a desafiarlo. Entonces, se detuvo en medio de los mares y lo partió por la mitad, inundando toda la tierra y acabando con la vida como la conocemos.
Marco escuchaba con atención.
- ¿Y, ya mencioné que era una papaya gigante... de la PERDICIÓN?
- No puede ser...
- Lo sé, tiemblo de sólo recordarlo.
- Tu más grande temor es una fruta tropical gigante...
- De la PERDICIÓN, no lo olvides.
- Apenas puedo contener mi miedo.

sábado, junio 21, 2008

Marco 5

- ¿Debo ir? Apenas conozco a tu familia - preguntó Marco.
- Por supuesto. Es lo que los amigos hacen por los amigos - contestó Erik.
- Jamás me has acompañado a nada con mi familia.
- Nunca me lo has pedido.
- ¡Siempre lo hago!
- Entonces te ha faltado convicción. - Dijo Erik - Aprende a mi. Con una sola vez que te lo pedí, aceptaste acompañarme.
- Aun no te digo que sí.
- ¿Entonces me estás diciendo que no?
- No dije eso...
- ¡Gracias por aceptar! Ves. Esta es la convicción de la que te hablo.
- ... Muy bien. De acuerdo. Supongo que te acompañaré.
- Sólo ten cuidado con la abuela.
- ¿Por qué? Se puede lastimar si se cae.
- No. Tiene alzheimer y cree que está en las olimpiadas del 68. Si ves que comienza a caminar muy rápido detenla. La última vez la encontramos en una cantina.
- Pero claro. ¿Alguna otra cosa?
- Si llevas zapatos cómodos para correr sería magnífico.

jueves, mayo 01, 2008

Marco 4

Marco y Sonia le dirigieron una mirada a Erik, esperando su reacción.

- ¿Y bien? - preguntó Marco.

Erik negó con la cabeza.
- De nuevo, ¿qué es esto?
- Metal.
- Ajá - Erik entrecerró sus ojos, pensativo. - ¿Y cómo se llamó esa canción?
- Raining Blood.
- Ajá. ¿Y eso que significa?
- Lloviendo sangre - contribuyó Sonia.
- Ajá.

Erik se cruzó de brazos y se dejó caer en el respaldo de su sillón.

- Sangre.
- Sí.
- Y lluvia.
- Exacto.
- Lluvia de sangre.
- Así es.
- Así que es una canción acerca de la menstruación.
- No creo que eso...
- ¿De qué más podrían estar hablando?
- Tu sabes destrucción, violencia, enojo.
- Igual que el carácter de una mujer cuando está en sus días.
- Momento - dijo Sonia - Yo no me pongo de mal humor cuando estoy menstruando.
- Tu estás de mal humor todo el tiempo - contestó Erik.
- Ah, touché.
- Bueno, podría ser ¿es eso anatómicamente posible Sonia? - preguntó Marco.
- No es suficiente sangre para una lluvia. Una llovizna, tal vez.
- Y si bebieras mucha sangre ¿Eso ayudaría? - preguntó Erik, interesado.
- No me ves menstruando cerveza ¿o sí?
- Cierto, se notaría.
- Conociéndote, buscarías mis toallas femeninas y las exprimirías para no pagar por cerveza.
- Así que eso es lo que hacen los vampiros indigentes. Se alimentan de toallas y tampones usados.
- De algo tiene que servir la lluvia de sangre.
- Le da un nuevo significado a aquella canción - intervino Marco - "Cantando bajo la lluvia".
- Con que de eso se trata esa escena en "Una naranja mecánica" - dijo Sonia.
- De repente me empieza a gustar esto del Metal.

jueves, abril 03, 2008

Sara 2

Sará se encontraba repasando sus notas en la sala de su casa. Acababa de salir de vacaciones, pero no quería que nada se le fuera a olvidar demasiado rápido durante los días que tendría libres.

El último año había sido interesante, por decirlo así, para Sara. Acababa de terminar los dos primeros semestres en su facultad y todavía no terminaba de acostumbrarse al ritmo de su licenciatura.

Sara agradecía que fuera una escuela pequeña, todos sus profesores le dieran clases en el mismo salón y su horario era corrido. No tenía grandes huecos de tiempo que no eran ni suficientes para descansar, ni para avanzar en tareas y trabajos pendientes. Sin embargo, sus clases no eran cómo ella imaginaba que serían. Sara no terminaba de comprender porque sus profesores hablaban mucho, pero le explicaban tan poco.

Sus padres siempre se lo habían dicho, "con perseverancia puedes lograr lo que sea", y Sara sabía bien a que se referían. En contraste con Aurora, su hermana mayor, Sara no era muy inteligente, ni particularmente talentosa y sociable. Y aunque nadie se atrevía a decirlo, tampoco era tan bonita como su hermana.

Las amigas de Sara pensaban que ella tenía todas las razones para envidiar a Aurora, pero ese no era el caso. Si bien todas las características de Aurora le permitían salir adelante sin demasiado esfuerzo, eso había tenido el efecto negativo de hacer de ella una persona poco acostumbrada al fracaso.

Poco tiempo después de que Sara comenzó a estudiar su licenciatura, Aurora terminó con su novio de años. Todos los conocidos de Aurora se admiraron de la compostura con la que Aurora había tomado ese rompimiento, en lugar de deprimirse, que es lo que esperaban ellos. Esto era motivo de orgullo para Sara, porque sabía que la platica que había tenido con su hermana mayor la noche en que terminó su relación habían contribuido a ello.

Era por cosas parecida a esa y por su perseverancia natural (muy reforzada por sus padres, claro está), que Sara siempre salía adelante. Por muy complejo que fuera un tema de sus clases, ella terminaría por dominarlo, a base de repasarlo una y otra vez, de preguntar aquí y allá, y de investigar lo que fuera necesario.

Desafortunadamente, al concentrarse tanto, Sara acostumbraba a olvidarse de cualquier otra cosa excepto su meta en turno. En este caso, había olvidado que David, un muchacho que conoció en una fiesta organizaron unos compañeros de su clase, la había invitado a tomar un café.

Si su hermana no se lo hubiera recordado, no le hubiera dado tiempo de mandarle un mensaje de texto a David para avisarle que iba a llegar tarde.

Así que Sara dejó a un lado sus notas y se puso en camino, por mucho que Aurora le insistió que al menos se arreglara un poco. Para Sara, llegar aún más tarde sería peor que llegar poco maquillada.

martes, marzo 18, 2008

Norte Magnetico 2

Heimat se sentó en la acera, con su espalda apoyada en la pared de un edificio abandonado. Esa zona de la ciudad estaba despoblada, había sido asignada para usar los edificios como bodegas. No habría nadie en las calles sino hasta la mañana siguiente, cuando los comerciantes comenzaran a mover sus mercancías almacenadas hacia el mercado de la ciudad.

La soledad de la calle era lo que buscaba Heimat. Por fortuna, todas las ciudades del mundo eran mucho más grandes de lo que podría considerarse necesario. Sus constructores originales las habían construido para albergar poblaciones muchas decenas de veces más grandes que aquellas con las que contaban en la actualidad.

Por tradición, aunque un sólo edificio pudiera dar vivienda a docenas de familias, los habitantes de las ciudades preferían distribuirse para ocupar mayor área en la ciudad. De ese modo, la incómoda sensación de vivir en una ciudad fantasma se disminuía, aunque de todas maneras era imposible ocupar todo el espacio disponible.

Heimat, habituado al silencio nocturno de su monasterio, no había podido acostumbrarse a dormir en alguna habitación dentro de un edificio. El sonido constante de los mecanismos de auto-mantenimiento de los edificios no le permitían descansar.

Dormir en la calle era la opción preferida de Heimat. Incluso si la iluminación permanente era una molestia, el auto-mantenimiento de las calles lo despertaría en únicamente en una sola ocasión durante toda la noche.

Heimat llevó su mano al rosario en su cuello y comenzó a orar. No tardó mucho en quedarse profundamente dormido.

***

Un espacio blanco sin fin.

Sólo una torre en el horizonte.

El norte magnético.

Otra vez el mismo sueño.

Una puerta, un muchacho y su nombre.

Tijs.

De un sólo movimiento, Tijas abre la puerta y del otro lado todo el infierno que se abre paso a través de ella

***

Heimat despierta sobresaltado. No importa cuantas veces haya soñado lo mismo, no deja de aterrorizarlo. Sabe que sus sueños siempre se cumplen.

A menos que intervenga.

viernes, marzo 07, 2008

Marco 3

- Si nos esforzamos un poco, creo que sí se puede. - dijo Marco
- Todo es posible. - dijo Erick.
- Excepto deshacerte de tus discos de Rocio Durcal. - dijo Sonia
- Hey, hey. No se metan con ella.
- ¿En serio tienes discos de Rocio Durcal?
- Sí, vaya que los tiene - dijo Sonia - Discos de acetato, cassettes, CD's, DVD's, mp3's. Todo lo que te imagines de Rocio Durcal, él lo tiene.
- Pero nunca he visto nada de eso en su casa.
- Lo tiene todo escondido en un cofre del tesoro.
- Es un baúl y no está escondido - dijo Erick - Está protegido del polvo.
- ¿Te da miedo el polvo?
- Le gusta Rocio Durcal, cualquier cosa es posible.
- Dejen de decir eso como si fuera algo malo.
- No tiene nada de malo. A mi mamá le gusta Rocio Durcal.
- A una tía mía también. Vive con sus gatos.
- ¿Es la que nunca se casó?
- No, esta se divorció y luego se volvió loca. La que nunca se casó estaba loca desde un principio.
- Y ¿También le gustaba Rocio Durcal?
- Ahora que lo dices, sí. A las dos les gusta Rocio Durcal.
- Quizás los gatos de tu tía ya se saben sus canciones.
- No creo que canten bien.
- Erick tampoco canta bien y le gusta Rocio Durcal.
- ¿Nos puedes cantar algo de Rocio Durcal, Erick?
- No -Dijo erick
- Pensé que te gustaba Rocio Durcal.
- Me gusta Rocio Durcal.
- ¿Entonces porqué escondes sus discos en un baúl?
- ¿Te das cuenta? Tiene a Rocio Durcal en un baúl -Dijo Sonia
- Me daría miedo tener a Rocio Durcal en un bául.
- A mi me daría miedo tenerla en cualquier parte de mi casa. Ya murió.
- No sabía. ¿Qué se siente tener el cadaver de Rocio Durcal en un baúl Erick?
- Quizás es un ataúd.
- Oh. Y Erick afirma que ha tenido sexo en todas partes de su casa.
- ¿Te has cogido a alguién sobre el ataúd de Rocio Durcal, Erick?
- ¡No! - Dijo Erick-
- Entonces es mentira lo tener sexo en todas partes de tu casa. Si no has tenido sexo sobre Rocio Durcal, no puedes decir eso.
- Quizás se ha cogido al cadaver de Rocio Durcal.
- ¡Cierto! Debe ser la fantasía de todo fanático de Rocio Durcal. Cuando estaba viva, quiero decir.
- Pero esta muerta, así que no tienen opción. ¿Qué se siente cogerte el cadaver de Rocio Durcal, Erick?
- Debe sentirse áspero.
- Como una lija.
- O muy flácido.
- Cómo todas las novias de Erick.
- Tu fuiste novia de Erick.
- Excepto yo, claro.
- ¿Segura?
- ¿Quieres comprobarlo?
- Eh... *** me mataría, y después te mataría a ti. O a los dos al mismo tiempo. O nada más a Erik por acostarse con el cadaver de Rocio Durcal.
- No me acuesto con su cadaver - dijo Erick.
- Pobrecito. ¿Tanto tiempo viviendo con su cadaver y nunca han cogido? ¿Qué se siente que te rechace un cadaver?- dijo sonia.
- No me ha rechazado
- entonces sí has tenido sexo con el cadaver de Rocio Durcal -dijo Marco.
- ¡No! ¡No hay ningún cadaver de Rocio Durcal¡
- Sé que su muerte fue dura para ti, pero tienes que admitir que ya no está viva- dijo Sonia
- ¡Ya sé que está muerta!
- ¿Y de todos modos te acuestas con ella? - dijo Marco.
- ¡No me acuesto con ella! ¡No tengo su cadaver! ¡No nada!
- Pensé que te gustaba Rocio Durcal.
- Dios...